Tres niveles de comprensión lectora

Todo acto de lectura cobra sentido en el marco de la comprensión. ¿Quién que no comprende lo que lee quiere seguir leyendo? Así pues, lectura y comprensión hacen un binomio inseparable por necesidad. Cuando los dos elementos no se conectan, el resultado es el caos y la actividad deviene en un sin sentido.

    Sin embargo, la comprensión no es algo que se da o no se da en un primer momento –al menos no en todos los casos-  sino algo que puede irse construyendo mediante acercamientos sucesivos que dependen de factores propios del sujeto y de factores externos a él. En otras palabras, lo que no se comprende en un principio puede, con los apoyos adecuados, comprenderse posteriormente.

     José Quintanal Díaz (1996), en su texto La comprensión lectora (Para leer mejor. Ed. Bruño. Madrid.), habla de tres niveles a los que puede accederse en la comprensión de un texto. El primer nivel corresponde a la comprensión literal, cuyo producto es la reproducción fiel de lo planteado en un escrito; es decir, que la persona puede repetir –con mayor o menor exactitud- lo anotado en un texto, conservando cierta coherencia y sentido de lo expresado. En este ejercicio, y dado que la memoria juega un papel fundamental, el conocimiento obtenido es frágil y perecedero, por lo que con el tiempo tiende a desaparecer.

     El segundo nivel corresponde a la comprensión contextual. La información obtenida se integra a una “red” de conocimientos previos o contexto –también conocidos como esquemas- que ya posee el lector, tanto de la estructura del texto como del contenido que desarrolla, y se inserta en un contexto de saberes donde cobra sentido. Es decir, mientras más contacto se haya tenido con la letra escrita y con el tema que se desarrolla u otros afines, más fácil será establecer la comprensión de lo leído, más duradero y más coherente, pues no se tratará de un dato aislado, sino integrado a la “red” de que se hablaba.

     La comprensión personalizada, o la fase de asimilación, sería el tercer nivel. En este punto, anota Quintanal “el conocimiento se transforma y completa con una valoración del lector, aporta su propio sello personal que hace que la idea emitida por el autor del escrito genere una nueva, más completa y, sobre todo, muy personal, que engrosará ya el bagaje del lector como un nuevo conocimiento”. Es en este punto donde las ideas se asimilan de tal manera que pasan a formar parte del marco de saberes y creencias del lector –quien incluso, con el paso del tiempo, puede no recordar en dónde lo leyó o cómo obtuvo la información- y que conforman su ideología, el pensamiento propio ya integrado a la manera como ve y se explica el mundo.––      Si bien se anotan separadamente, los tres niveles forman parte de un proceso de acercamiento al contenido del texto. Dependiendo de diversos factores, un lector podría quedarse en el primero o en el segundo, pero también que en un momento determinado la lectura integre a los tres simultáneamente, sin que el lector se dé cuenta, y se obtenga, de esa manera, la aprehensión profunda del escrito, es decir, lo que le da sentido a la lectura: la comprensión.

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