Niveles de alfabetización

Confieso que para mí –y creo que también para algunos otros-, hasta no hace mucho, el concepto de alfabetización era muy concreto: alfabetizado era el que sabía leer y escribir, y analfabeto el que no sabía. Después, con una lectura aquí y otra allá, fui dándome cuenta que el concepto podía tomar contornos diferentes (y complementarios) según la perspectiva desde donde se mirara.
Un concepto de alfabetización muy interesante es el planteado por G. Wells, citado por Carmen Simich-Dudgeon en el artículo “Alfabetización en inglés: enfoque y estrategias que dan resultado en adultos y niños con competencia limitada en lengua inglesa”, publicado en el portal Centro Virtual Cervantes en Internet. Según Wells, no puede hablarse tajantemente de alfabetizados y no alfabetizados, vistos como dos polos opuestos donde uno no tiene relación con el otro, sino de variedades y grados de alfabetización en medio de ellos; dicho en otras palabras, entre el blanco y el negro hay una infinita variedad de grises. Wells distingue así lo que llama cuatro “niveles” entre los cuales, se desenvuelven las personas que tienen necesidad de escribir y leer, con desempeños diferentes según sus necesidades y capacidades. Estos niveles son el ejecutivo, el funcional, el instrumental y el epistémico.
El nivel ejecutivo, que es el más básico, tiene que ver con el conocimiento del código; en este sitio está toda aquella persona que ha aprendido a anotar con figuras gráficas convencionales (nuestras letras o alguna otra forma) lo que oye o lo que piensa, o que es capaz de leerlo. Los mensajes, tanto leídos como producidos, suelen ser sencillos y concretos, como identificar el nombre de una calle, leer una indicación, escribir un recado o el propio nombre, etc.
El nivel funcional le permite a la persona interactuar con otros a través de la lectoescritura y precisa del conocimiento y dominio de ciertos géneros y tipos de texto de alguna complejidad, como llenar un formato, hacer un oficio, leer un contrato, leer periódicos y revistas, etc., y que se vinculan con necesidades más complicadas que las del primer nivel.
El nivel instrumental está relacionado con la búsqueda, análisis y uso de la información; es el uso de la lectura y la escritura en el ámbito escolar, que, obviamente, va siendo más profundo y requiriendo mayor dominio mientras más se avance en la escolarización. En este nivel, la lectoescritura precisa del desarrollo de habilidades que permitan la comprensión y expresión de ideas y conceptos en términos especializados, propios de las disciplinas científicas, y el manejo de determinados tipos de texto propios de ese ámbito, como el ensayo, la reseña, la monografía, etc.
El nivel epistémico, dice Wells, “permite, por medio de símbolos, que las personas empleen destrezas de abstracción y razonamiento que les sirven para estructurar y resolver los problemas diversos a los que se enfrentan en sus vidas diarias”; es el nivel de la producción de textos en el campo de la escritura, y de la interpretación y construcción de tesis en el terreno de la lectura.
Este continuo de alfabetización planteado por Wells representa un intento por definir estadios (o niveles) en los que de manera general se podría situar la condición en donde cada uno de nosotros nos encontramos con respecto al uso que hacemos de la lectura y la escritura. ¿Dónde está cada uno? Eso es muy subjetivo, depende de qué tan gris esté el gris.

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