Logros para la comprensión

Un texto escolar –y por extensión, cualquier texto- puede ser una ayuda o un obstáculo para que un lector construya su significado, es decir, lo comprenda adecuadamente. En ello influyen la capacidad del lector (edad, experiencia lectora, conocimientos previos, uso de estrategias, etc.) y la naturaleza del texto, esto es, su estructura, su tipología, el tema que desarrolla, el vocabulario que utiliza y varias cosas más.
En la escuela –y en la vida-, una de las maneras más efectivas de lograr aprendizajes significativos es a través de la lectura. Los alumnos (y las alumnas, por supuesto) aprenden de los textos en la medida en que son capaces de acceder a las ideas que lo componen. El autor elabora un escrito con la intención de exponer o compartir lo que sabe o lo que piensa, y lo plasma con letras, con palabras, con oraciones, con párrafos: con ideas. De ahí la importancia de que los alumnos puedan desentrañar el significado global del texto que estudian.
José Antonio León, en el artículo “Mejorando la comprensión y el aprendizaje del discurso escrito: estrategias del lector y estilos de escritura”, que forma parte del libro El aprendizaje estratégico (Santillana. Barcelona. 1999), coordinado por Juan Ignacio Pozo y Carlos Monereo, afirma que, para llegar a la comprensión, el alumno debe ser capaz de realizar cuatro logros.
El primero, consiste en desentrañar las ideas que encierran las palabras (y las oraciones) del texto, o lo que es lo mismo, ser capaz de entender claramente lo que cada una de ellas expone; el segundo es conectar dichas ideas entre sí, esto es, encontrar el hilo conductor que le da coherencia y cohesión a las ideas desarrolladas; uno más consiste en jerarquizar las ideas que componen el escrito, identificando las principales y las secundarias, lo que permite, con base en las primeras, resumir el texto y visualizar su esencia; y el cuarto, que implica reconocer la trama de relaciones que articulan dichas ideas principales.
Mirándolo bien, estos cuatro pasos son en realidad momentos de un solo proceso, que lo mismo puede llevarse a cabo sin problemas que trabarse desde el primero momento (si el lector desconoce, por ejemplo, el vocabulario usado por el autor) o en alguno de los pasos siguientes. Si sucede esto último, la comprensión será mínima y deficiente, cuando no nula.
Promover en los alumnos el contacto con textos adecuados a su capacidad les dará confianza para ir desarrollando sus habilidades lectoras. La idea no es, por supuesto, trabajar todo el tiempo con textos “facilotes”, sino de ir incrementando su grado de dificultad de manera paulatina, de manera que sean una ayuda y no un obstáculo para llegar a su comprensión.

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