Un manual para ser niño

Auspiciado por la Asociación Colombiana para el Avance de la Ciencia (ACAC), en 1995 se publicó la colección Documentos de la misión ciencia, educación y desarrollo; en el tomo 2, aparece un texto de Gabriel García Márquez llamado Un manual para ser niño. El escrito aborda, desde su muy particular perspectiva, aspectos relacionados con la vocación y la aptitud de los niños para el aprendizaje de las artes y las letras. “Aspiro –dice el novelista- a que estas reflexiones sean un manual para que los niños se atrevan a defenderse de los adultos en el aprendizaje de las artes y las letras”.
Como mucha gente, García Márquez reprueba que la enseñanza de la literatura en las escuelas se reduzca sólo al aprendizaje de nombres de autores y títulos de libros, sin llegar al goce de la lectura. Reproduzco a continuación una parte del documento citado.
Los colombianos, desde siempre, nos hemos visto como un país de letrados. Tal vez a eso se deba que los programas del bachillerato hagan más énfasis en la literatura que en las otras artes. Pero aparte de la memorización cronológica de autores y de obras, a los alumnos no les cultivan el hábito de la lectura, sino que los obligan a leer y a hacer sinopsis escritas de los libros programados. Por todas partes me encuentro con profesionales escaldados por los libros que les obligaron a leer en el colegio con el mismo placer con que se tomaban el aceite de ricino. Para las sinopsis, por desgracia, no tuvieron problemas, porque en los periódicos encontraron anuncios como este: “Cambio sinopsis de El Quijote por sinopsis de La Odisea “. Así es: en Colombia hay un mercado tan próspero y un tráfico tan intenso de resúmenes fotostáticos, que los escritores haríamos mejor negocio no escribiendo los libros originales, sino escribiendo de una vez las sinopsis para bachilleres.
Es este método de enseñanza, -y no tanto la televisión y los malos libros-, lo que está acabando con el hábito de lectura. Estoy de acuerdo en que un buen curso de literatura sólo puede ser una guía para lectores. Pero es imposible que los niños lean una novela, escriban la sinopsis y preparen una exposición reflexiva para el martes siguiente. Sería ideal que un niño dedicara parte de su fin de semana a leer un libro hasta donde pueda y hasta donde le guste -que es la única condición para leer un libro- pero es criminal, para él mismo y para el libro, que lo lea a la fuerza en sus horas de juego y con la angustia de las otras tareas.

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