Las grandes lluvias


         Ante un numeroso y entusiasta público, el pasado 24 de abril, en el marco del Mes de la Lectura y el Libro, se presentó en Colima la novela Las grandes lluvias del escritor chiapaneco Eraclio Zepeda.

         Las grandes lluvias no es solamente una novela –deliciosa novela, hay que decirlo-, sino un texto que nos cuenta un periodo de la historia de Chiapas, que inicia en 1836. La acción transcurre fundamentalmente en Ciudad Real, en su tiempo capital de la república de Las Chiapas, hoy San Cristóbal de las Casas y estado de Chiapas, respectivamente. El hilo conductor de la historia es el amor frustrado entre Juana Urbina, protagonista de la novela, joven rica y talentosa, casada y viuda circunstancialmente, y el teniente del ejército mexicano Manuel Galindo. Juana Urbina es, por cierto, según ha comentado el propio Eraclio, un personaje inspirado en su abuela y un homenaje a ella.

En Las grandes lluvias se entremezclan con finura diferentes motivos: el hecho histórico de la consolidación de la independencia de México y la lucha posterior entre centralistas y federalistas en la recién anexada república a territorio mexicano, lucha que se personifica en dos personajes, uno, que no aparece en la novela sino como referencia, el liberal Joaquín Miguel Gutiérrez, de quien tiempo después la capital Tuxtla tomaría su apellido, y el sabio conservador Manuel Larráinzar, de quien tomaría, asimismo su apellido el pueblo de San Andrés, y que es uno de los personajes fundamentales de la historia.

La novela está pasada por agua de principio a fin. Llueve y llueve y llueve todo el tiempo hasta un diluvio final con arca de Noé y animales y todo. Hay agua en las casas, en las calles, en los ojos, en el ambiente, en el recuerdo, en los ríos, en los lagos y lagunas, en el cielo, en la tierra y en todo lugar. El agua como parte consustancial de la vida de la novela, para beber, para bañarse, para mojarse en ella, para traer la muerte y la desolación, para delimitar fronteras, para dar vida a las plantaciones; el agua como vaso comunicante entre la historia literaria y la realidad histórica; el agua acá y allá, donde la única gran ausente es el agua del mar.

Flores, frutos, animales, ambientes, música, sentimientos expuestos y ocultos, y todo cuanto puebla esta canica azul y el corazón del hombre encuentran nombre en las palabras de Eraclio Zepeda. Con una maestría narrativa que en momentos describe minuciosamente y en momentos sólo traza y sugiere, la novela fluye como el agua, transcurre entre el remanso y el rápido, se desborda como cascada y con su intensidad uno no puede verla como quien ve llover y no se moja. La novela atrapa, emociona, hace tomar partido y vivirla. Es de esos extraños textos en que uno quiere seguir la historia y al mismo tiempo desea que el libro no termine.

El libro está editado por el Fondo de Cultura Económica y puede conseguirse fácilmente. Esta es una invitación para leerlo.

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