Las horas excesivas de lectura


         Contra lo que pudiera pensarse, la lectura no es una actividad elogiada por todo y por todos en cualquier circunstancia. Hay quienes la desdeñan y sus razones, motivos y pretextos tienen para hacerlo, tal vez porque su mundo no hace ligas con el acto de leer o porque simplemente no quieren construir esa liga. Sin embargo, sorprende cuando quien lo hace es un escritor. Es el caso de Luis Cernuda, poeta español, integrante de la llamada Generación del 27, quien en uno de sus textos, citado por Juan Domingo Argüelles (Leer es un camino, 2004), advierte de los peligros de las horas excesivas de lectura en detrimento de otras actividades más mundanas y elementales, como se percibe en la siguiente reflexión acerca de una biblioteca y los libros que contiene:

“Cuántos libros. Hileras de libros, galerías de libros, perspectivas de libros en este vasto cementerio del pensamiento, donde ya todos es igual, y que el pensamiento muera no importa. Porque también mueren los libros, aunque nadie parezca apercibirse del olor (quizá abunda por aquí la literatura francesa, con sus modas que sólo contienen muerte) exhalado por tantos volúmenes corrompiéndose lentamente en sus nichos. ¿Era esto lo que ellos, sus autores esperaban?

         Ahí está la inmortalidad para después, en la cual se han resuelto horas amargas que fueron vida, y la soledad de entonces es idéntica a la de ahora: nada y nadie. Mas un libro debe ser cosa viva y su lectura revelación maravillada tras de la cual quien leyó ya no es el mismo, o lo es más de cómo antes lo era. De no ser así el libro, para poco sirve su conocimiento, pues el saber ocupa lugar, tanto que puede desplazar a la inteligencia, como esta biblioteca al campo que antes aquí había.

         Que la lectura no sea contigo, como sí lo es con tantos frecuentadores de libros, leer para morir. Sacude de tus manos ese polvo bárbaramente intelectual, y deja esta biblioteca, donde acaso tu pensamiento podrá momificado alojarse un día. Aún estás a tiempo y la tarde es buena para marchar al río, por sus aguas nadan cuerpos juveniles más instructivos que muchos libros, incluido entre ellos algún libro tuyo posible. Ah, redimir sobre la tierra, suficiente y completo como un árbol, las horas excesivas de lectura”.

         Luis Cernuda habla aquí de redimir –en el sentido de liberarse- de las horas excesivas de lectura y disfrutar en cambio de los placeres sencillos de la vida. Me recuerda aquel cuento del príncipe que todo lo aprendió en los libros y desconocía la realidad de su comarca. Por supuesto que un sano equilibrio entre libro y realidad sería lo ideal, pero ante ello me surgen dos dudas: una, cuál es ese equilibrio; otra, cuánto son las horas excesivas de lectura y desde la perspectiva de quién.

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