Los neoanalfabetos


         “El no saber leer ni escribir es una cualidad natural; todos nacemos con ella. O poniéndolo en refrán castellano: nadie nace enseñado. Quiere esto decir que el hombre natural es un analfabeto actual, al nacer; pero en cuanto susceptible de aprender a leer es, asimismo, un alfabeto potencial”.

         La anterior es una de las reflexiones del escritor español Pedro Salinas, fallecido en 1951, y uno de los más destacados poetas de la llamada “Generación del 27”. Poeta, narrador, dramaturgo y ensayista, en este último género Salinas es autor del texto “Los nuevos analfabetos”, publicado en la antología La responsabilidad del escritor (Seix Barral. Barcelona: 1961), de donde se entresacan algunas ideas.

         Pedro Salinas propone se reconozca la existencia de dos tipos de analfabetos. Uno –dice- es el analfabeto puro, el clásico, el analfabeto de natura, que sea por la causa que sea, no sabe leer. “Siento por esta clase de analfabetos respeto, simpatía y admiración”, afirma.   El otro es el analfabeto al que nombre como impuro, contrahecho, artificial, pues aunque sabe interpretar los signos escritos, no tiene la lectura como uno de sus hábitos. “Estoy pensando en aquellos alfabetos que no leen por motivos más hondos y difíciles que el de no tener un libro a mano”, afirma. Esos son los neoanalfabetos.

         Bajo esa óptica, hace la distinción entre “alfabeto” y “lector”. El primero es aquel que ha tenido la fortuna de aprender a descifrar la escritura, pero que puede leer o puede no leer, es decir, el ejercicio de la capacidad queda sujeto a su voluntad, a sus ganas o no de hacerlo; en cambio, considera como “lector” a aquél que, habiendo aprendido a leer, utiliza la lectura para su desarrollo cognitivo, cultural, social y emocional.

         En estos tiempos, asistimos a un cambio de óptica del concepto alfabetizado/no alfabetizado de como tradicionalmente se había venido considerado. En 1997, la Declaración de Confitea, que conjunta las conclusiones de diversos países sobre educación de adultos, define a la alfabetización como “los conocimientos y capacidades básicos que necesitan todas las personas en un mundo que vive una rápida evolución, y en donde el acceso a la lectura y la escritura es un derecho humano fundamental.

         Como se ve, no basta con producir alfabetos; hay que producir lectores. Porque, dice Salinas, “cuando no se emplea la lectura para ensanchar las potencias del alma, para impulsar al individuo hacia la plenitud de su ser espiritual, empieza a funcionar en su naturaleza una fuerza de regresión que le devolverá antes o después al punto de partida: a su analfabetismo espiritual”.

Los neoanalfabetos –continúa el autor- constituyen una clase mucho más amenazadora y peligrosa que la de los analfabetos puros. Y es que caminan camuflados de lectores, aunque en el fondo desprecian la lectura. Hay que reorientar la óptica de la alfabetización. O como lo dice Pedro Salinas, no hay que seguir produciendo analfabetos que saben leer.

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