Marta Acevedo


         En el suplemento cultural de La Jornada del pasado 11 de julio, Marta Acevedo, la creadora del proyecto original de Rincones de Lectura de la SEP, cuenta su experiencia de dirigir por casi ocho años esa importante actividad editorial. Y es que Rincones de Lectura no sólo hizo llegar libros a las escuelas a través de sus cuatro colecciones, sino que llevó una manera de pensar, una filosofía de la lectura.

         Marta Acevedo cuenta que en ese entonces, 1986, “hicimos a los maestros sugerencias de sentido común: no realizar actividades obligatorias a partir de los Libros del Rincón, programar 40 minutos a la semana para que los niños leyeran a placer, escribir a partir de las lecturas y permitir que los niños escogieran el libro que quisieran leer. Deseábamos promover ‘las ganas de leer libros’, de leer por gusto, en contraposición a la lectura ‘instrumental’, esa modalidad sometida a evaluación que elimina las ganas de leer a muy temprana edad.”

         Esta idea de la lectura por placer ha sido planteada, replanteada y reforzada durante los últimos veinte años en nuestro país. Teóricamente es inobjetable. ¿Quién no quiere un país donde la gente se vuelque sobre librerías y bibliotecas para darse a sí y a los suyos el placer de leer? Hay, sin embargo, dos señalamientos que hacer en este planteamiento: uno es el de “promover las ganas de leer libros” –que de por sí es importante y positivo- pero que resulta algo tan personal, tan íntimo, que hasta la fecha no le hemos hallado el cómo; y otro es el de considerar que hay dos formas “contrapuestas” de lectura, la hecha por placer y la instrumental. Esto último nos ha evitado considerar la lectura desde otros ángulos. Esto último nos ha restringido trabajar más sobre el desarrollo de habilidades lectoras y su consecuente comprensión.

         Con todo, hay que aplaudir y reconocer la importante labor que Marta Acevedo hizo al frente de Rincones y cuya acción más importante fue hacer llegar a las escuelas (vendidos primero, regalados después) libros de lectura diferentes en muchas formas a los de texto, diseñados pensando en el lector infantil, de excelente calidad. Muchos entonces niños posiblemente se engancharon con ellos y ahora son excelentes lectores; muchos se extraviaron lamentablemente porque distintas manos se los fueron llevando para después rundirlos en un rincón; muchos, me dicen, siguen todavía empaquetados en una bodega, “para que no se pierdan”.

         Hoy, dice Marta Acevedo, “me planteo el asunto de la lectura como un problema de enriquecimiento, de construcción de identidades complejas, y no como un asunto relacionado con la intención de responder a los desafíos de la ‘multiculturalidad’ tal y como lo entendía hace décadas.”

         Un reconocimiento para Marta, quien puede decir que ya hizo lo suyo, que ya pegó su ladrillo, que ya puso el grano de arena que le correspondía en –como dicen los chavos- este rollo de formar lectores.

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