Tres tipos de inteligencia


La inteligencia es  producto de la actividad mental; porque hemos sido capaces de desarrollarla, la humanidad ha pasado de la Edad de piedra a la Edad del cosmos. La inteligencia tiene que ver con el análisis del entorno, con el aprendizaje y los intentos por comprobar las hipótesis que se generan, y con la transformación del entorno Considerada también por algunos teóricos como una facultad humana (es decir, sólo propia de la especie), “la inteligencia es la capacidad mental para razonar, planear, resolver problemas, pensar en abstracto, aprender, comprender ideas y el lenguaje” (wikipedia.org).

El razonamiento, por su parte, es la manera en que se concreta la inteligencia, lo que “se ve” de ella. Robert Sternberg es el autor de la teoría tripartita de la inteligencia. En su obra Enseñar a pensar (Santillana. Madrid. 1996) plantea que las personas tendemos a pensar de tres maneras diferentes, aunque complementarias. Una, mediante el razonamiento analítico, que implica analizar, juzgar evaluar, comparar y contrastar, y examinar; otra, mediante el razonamiento creativo, que implica crear, descubrir, producir, imaginar y suponer; y otra más, el razonamiento práctico, que implica llevar a la práctica, utilizar, aplicar y realizar.

Así como la de Sternberg, en el campo de la psicopedagogía existen otras clasificaciones de la mente y sus trabajos, como la de Gardner y sus inteligencias múltiples, por nombrar sólo una, y que si bien difieren en su terminología y funciones, coinciden ampliamente en una cosa: nadie es solamente de una manera, nadie puede encasillarse en una clasificación, sino que la inteligencia es el resultado de la combinación entre sus diversos factores. Lo que sí sucede, dicen, es que las personas suelen actuar preferentemente de una manera, aunque lo más común es que su desempeño tenga un poco o un mucho de cada una de esas funciones, dependiendo del tipo de trabajo a realizar y de la circunstancia en que se lleva a cabo.

Entender este planteamiento nos facilita a quienes nos dedicamos a la docencia a explicarnos por qué determinados temas o conceptos son más fáciles para unos alumnos que para otros, o por qué les gustan más, o se les facilitan más determinadas asignaturas, o por qué la misma cosa explicada de otra manera puede ayudar a quien en principio no la comprendía.

Con esta perspectiva, Sternberg clasifica a los alumnos, según sea su estilo de razonamiento. Así, afirma que, en el campo de las calificaciones, la persona analítica obtiene altas calificaciones, mientras que la creativa y la práctica sólo las logran de medianas a bajas; a la analítica le gusta la escuela, la creativa se siente limitada por ella y a la práctica le aburre; la analítica les gusta a los maestros, a la creativa la consideran problemática, a la práctica la perciben “desconectada”; a la analítica le gusta seguir instrucciones, a la creativa no, la práctica indaga qué utilidad tiene el seguirlas; la persona analítica ve los efectos de las ideas, la creativa gusta de proponer ideas, la práctica busca aplicarlas; la persona analítica acepta indicaciones, la creativa gusta de dirigirse a sí misma, la práctica gusta de concretar la indicación.

Estas son algunas de las características. Seguramente hay más, y detectarlas y aprovechar su diversidad puede mejorar el proceso enseñanza – aprendizaje.

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