Una reflexión de Sabato


         Hace más de treinta años conocí el libro Mensaje de los grandes maestros a la juventud. Una secretaria de la escuela donde estudiaba me lo regaló y por bastante tiempo lo conservé como un tesoro. Un buen día lo extravié y pasaron muchos años hasta que hace relativamente poco, en condiciones asombrosamente azarosas e increíbles, un bibliotecario volvió a regalármelo.

         El libro es una selección de escritos de diversos autores hecha por Armando List Arzubide con el propósito de ser “un recordatorio de nociones que demandan que cada quien sea, ante todo y sobre toda cosa” un ejemplar no mutilado de la especie, en el que ninguna noble facultad del espíritu quede soslayada y ningún alto interés de todos pierda su virtud comunicativa”. Comparto con ustedes el texto “Un puente entre el hombre y el mundo”, de Ernesto Sabato y que forma parte de la obra.

         El libro es una especie de mensaje; se ha dicho que es algo así como una botella lanzada al mar para que alguien la recoja. El escritor tiene el deseo ferviente de que su libro llegue a un lector. ¿Cómo hace ese intermediario que es el vendedor para que llegue al lector indicado y no sea un mensaje que vaya a caer en manos de personas que no lo entiendan? Precisa pensar que el lector no solamente existe, sino que se crea, y esto es muy importante.

         La lectura no solamente abre un panorama, sino que amplía la visión del mundo. A veces se oye decir: no tengo tiempo de leer cosas que están fuera de mi profesión. ¿Qué es lo que está fuera de la profesión de cualquiera? En las diversas actividades que ocupan la atención, el pensamiento y el esfuerzo de los hombres, estos deben conocer a sus semejantes. ¿Y qué es la buena lectura sino conocimiento a fondo de la condición humana? Ningún escritor escribe acerca de mesas o sillas; las novelas, poemas, ensayos de sociología, de pedagogía, de economía,  de política, de historia, etc., son siempre sobre el ser humano; el ser humano es el personaje excepcional y único que concita el quehacer de quienes escriben.

         Cuanto más grandes son la ciudades, tanto más solitario e incomunicado está el hombre. Ese hombre a quien la vida recluye en sí mismo y en su morada, ¿cómo se comunica con los demás? A través del libro. El libro no es solamente una solución a  su necesidad de conocimiento y de elevación espiritual, es sobre todo, la manera de entrar en comunicación con sus semejantes. El libro lo  libera de su enclaustramiento y amplía sus horizontes hasta donde ha podido llegar el vuelo del pensamiento humano, hacia la eternidad de lo verdadero y hacia la perennidad también de la belleza.

         Ernesto Sabato, escritor argentino, autor entre otros escritos, de las novelas “El túnel” y “Sobre héroes y tumbas”. Hasta no hace muchos años vivía en un lugar de la provincia de Buenos Aires.

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