Literatura siempre alerta

        Oí hablar del programa hace unos dos años y me pareció una iniciativa además de insólita, digna de todo reconocimiento: que todo un departamento de policía se pusiera a leer literatura. Así es. Desde abril de 2005, coordinados por Eric López Padilla (a quien no conozco, pero felicito), la gran mayoría de los 1700 elementos de seguridad pública de Ciudad Nezahualcóyotl, Estado de México, aceptaron participar en el programa Literatura siempre alerta, cuyo objetivo, dice su página, es “acercar al cuerpo policiaco hacia el disfrute de la lectura mediante sesiones de sensibilización y práctica literaria, mismas que serán impartidas en lugares adecuados por monitores profesionales y capacitados para tal efecto”.          Convencidos de que la práctica de la lectura contribuirá a hacer de ellos mejores personas y mejores ciudadanos, se han venido reuniendo, por grupos, cada quince días, para comentar las lecturas que de manera individual realizan, y en las que destacan novelas y cuentos de corte –claro- policiaco o detectivesco, aunque no desdeñan obras como El Quijote, de Miguel de Cervantes, o más cercana, Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez.           Precisamente, la nota de Carlos Paul en La Jornada (181207) da cuenta de la iniciativa que tuvieron algunos elementos de traducir algunos fragmentos de la obra del Gabo a código policiaco. Aquí el conocidísmo inicio de la novela: “Muchos alfas posteriores, frente al grupo que hace 44, el coronel Aureliano Buendía hacía 60 de una tarde remota en que su progenitor le 26 al 62 el hielo. Macondo era un 22 habitacional de veinte 94 de barro y caña 9 construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que hacía 26 por 22 de rocas pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente que muchas cosas eran 56 de 62, y para 57 había que ponerles el dedo. Todos los alfas, al final del primer trimestre, una familia de gitanos indigentes ponía su 94 cerca del 22 habitacional, y con fuerte 9 de equipo sonoro daban 62 nuevos inventos”.          Que un grupo de policías lea la obra me parece ya de por sí un acto encomiable, pero que además lo traduzca a la jerigonza policial demuestra, además, su interés y su entusiasmo. Sé que es una acción que se ha retomado ya en otras corporaciones tanto en México como en otros países. Ojalá el ejemplo cundiera en otros departamentos, dependencias, divisiones, secciones o lo que sea, pero que se hiciera. Larga vida a Literatura siempre alerta.           

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