Leer con incredulidad

           Julián Gallo es un periodista argentino especializado en temas tecnológicos, consultor de medios interactivos y editor del blog Mirá! En el portal de terra.com publicó el año pasado un interesante texto, “El arte de leer con incredulidad las noticias”, que pone el dedo en la llaga en un asunto muy de nuestros tiempos, en donde hay mucha información y pocos lectores críticos.          Como se sabe, de unas pocas décadas para acá la disponibilidad de la información y la posibilidad de acceder a ella han crecido desmesuradamente, sobre todo a través de Internet. Ahora basta teclear la palabra del tema que se quiere buscar y aparecen al instante miles de opciones, pero –pregunta Julián Gallo- ¿quién ofrece esa información?  En el artículo comenta la siguiente anécdota: “En un comercial de Estadao.com.br, transmitido por televisión, un hombre lee con entusiasmo noticias en su computadora cuando es interrumpido por su esposa. El hombre le explica que está leyendo un “blog genial de economía”… Pero el video muestra que del otro lado de la pantalla hay un mono en un laboratorio conectado a Internet que copia frenéticamente textos y los multiplica ante la mirada de dos científicos”. Para el autor, el comercial de televisión dice dos cosas al mismo tiempo: 1) no sabes quién escribe un blog, tal vez sea un mono. 2) el mono se dedica a copiar y pegar contenidos. Desafortunadamente, a la hora de buscar información para una tarea escolar, muchos de nuestros alumnos no tienen el cuidado de verificar la seriedad o consistencia de la fuente que ofrece dicha información. Como ocurre con las noticias de los periódicos o de la televisión, basta que se escriba o se diga allí para presuponer que es verdad. Y como sabemos, también en estos medios se pueden encontrar monos. Por otro lado, el “copiar y pegar” es una extendida mala práctica entre la población estudiantil, pues muchas veces se lleva a cabo sin dar el crédito correspondiente a la fuente, lo que constituye un plagio; además, no es raro que se utilice sólo una parte de la información (la que tiene que ver con la tarea) y se presenten, entonces, textos descontextualizados. Cuando esto se hace, a fin de cuentas, se está realizando la actividad del mono, que lleva a cabo la tarea, pero sin pensar. Gallo propone que, ante esta circunstancia, se enseñe a leer con incredulidad, es decir, manteniendo una sana desconfianza en la información encontrada. Tampoco es el caso de caer en la paranoia informativa, sino simplemente buscar formar lectores críticos, capaces de buscar eficientemente en los sitios adecuados, comparar con el objetivo o el propósito de la tarea, valorar lo expuesto y si es posible compararlo con otras fuentes, seleccionar la información y apoyarse en ella para trabajarla desde el propio punto de vista. Leer con incredulidad –o críticamente- la vastísima información disponible es ya una imperiosa necesidad para la que no hemos desarrollado una estrategia de enseñanza. Y hay que hacerlo antes de rezagarnos más.

Producción de textos

Hay una conocida máxima que dice que a escribir se aprende escribiendo. Parece una obviedad, pero su sentido va más allá de lo literal pues no habla del acto físico de escribir, esto es, del conocimiento del código y el trazo de las grafías, sino del proceso mental que conlleva la producción de un texto.

 Aunado a la comprensión y dominio del código, el alumno de preescolar y primaria necesita enfocar la atención al contenido del texto que escribe, el cual deberá ser, desde un principio (aun el dibujo o el garabato), coherente y con sentido, con un mensaje, un destinatario y un propósito, de tal manera que en el aula se reproduzca, de la mejor manera, la función social de la escritura.

Producir un texto –entendido como el pensarlo y escribirlo- es una actividad que se va aprendiendo paulatinamente, mediante acercamientos sucesivos, aproximaciones continuas, en una espiral que se prolonga durante toda la vida. Esto es, el nivel de competencia escritora de una persona va cambiando a lo largo del tiempo. Estos cambios tienen que ver con varias situaciones y posibilidades; una es el conocimiento que quien escribe tiene de otros textos, pues, se sabe, que, por ejemplo, detrás de un gran escritor hay un gran lector; otra es la práctica constante y su monitoreo, que nos permita, por un lado, identificar y corregir errores y limitaciones, y, por otro, reconocer y aprovechar aciertos.

Así como es recomendable crear, tanto en la escuela como en la casa, desde los primeros años de vida del niño, un ambiente propicio a la lectura, es igualmente importante crear un ambiente propicio a la escritura. Para ello, la primera condición será desarrollar la noción de la necesidad de la escritura, entender que en la escuela y más allá tiene una función en la que están inmersas millones y millones de personas en el mundo; que prácticamente en todos los ámbitos de la vida social, cultural, política, religiosa, económica, escolar, militar, etc. está presente la escritura; que existen lugares destinados exclusivamente a la guarda de textos pues su contenido sigue siendo importante aún años después de haber sido escritos; que escribir es un acto humano que nos acerca a otros y a nosotros mismos.

En el ámbito escolar, la escritura como objeto de estudio o como forma de mostrar habilidades y conocimientos está presente desde los niveles más elementales hasta los superiores, con sus distintas modalidades y grados de dificultad, por supuesto. Conviene en todo ese tiempo no perder de vista que mucho de lo que se trabaja con la escritura en la escuela debe servir para manejarse en la vida, para moverse con soltura en un mundo letrado.

Producir un texto, trátese del tipo que se trate, es siempre un logro, tanto en el aula como fuera de ella, y hay que estimular y motivar a quien lo escribe, especialmente si se trata de niños y jóvenes.