Producción de textos

Hay una conocida máxima que dice que a escribir se aprende escribiendo. Parece una obviedad, pero su sentido va más allá de lo literal pues no habla del acto físico de escribir, esto es, del conocimiento del código y el trazo de las grafías, sino del proceso mental que conlleva la producción de un texto.

 Aunado a la comprensión y dominio del código, el alumno de preescolar y primaria necesita enfocar la atención al contenido del texto que escribe, el cual deberá ser, desde un principio (aun el dibujo o el garabato), coherente y con sentido, con un mensaje, un destinatario y un propósito, de tal manera que en el aula se reproduzca, de la mejor manera, la función social de la escritura.

Producir un texto –entendido como el pensarlo y escribirlo- es una actividad que se va aprendiendo paulatinamente, mediante acercamientos sucesivos, aproximaciones continuas, en una espiral que se prolonga durante toda la vida. Esto es, el nivel de competencia escritora de una persona va cambiando a lo largo del tiempo. Estos cambios tienen que ver con varias situaciones y posibilidades; una es el conocimiento que quien escribe tiene de otros textos, pues, se sabe, que, por ejemplo, detrás de un gran escritor hay un gran lector; otra es la práctica constante y su monitoreo, que nos permita, por un lado, identificar y corregir errores y limitaciones, y, por otro, reconocer y aprovechar aciertos.

Así como es recomendable crear, tanto en la escuela como en la casa, desde los primeros años de vida del niño, un ambiente propicio a la lectura, es igualmente importante crear un ambiente propicio a la escritura. Para ello, la primera condición será desarrollar la noción de la necesidad de la escritura, entender que en la escuela y más allá tiene una función en la que están inmersas millones y millones de personas en el mundo; que prácticamente en todos los ámbitos de la vida social, cultural, política, religiosa, económica, escolar, militar, etc. está presente la escritura; que existen lugares destinados exclusivamente a la guarda de textos pues su contenido sigue siendo importante aún años después de haber sido escritos; que escribir es un acto humano que nos acerca a otros y a nosotros mismos.

En el ámbito escolar, la escritura como objeto de estudio o como forma de mostrar habilidades y conocimientos está presente desde los niveles más elementales hasta los superiores, con sus distintas modalidades y grados de dificultad, por supuesto. Conviene en todo ese tiempo no perder de vista que mucho de lo que se trabaja con la escritura en la escuela debe servir para manejarse en la vida, para moverse con soltura en un mundo letrado.

Producir un texto, trátese del tipo que se trate, es siempre un logro, tanto en el aula como fuera de ella, y hay que estimular y motivar a quien lo escribe, especialmente si se trata de niños y jóvenes.

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