Adiós a Emilio

         El miércoles 23 de abril, el Gobierno del Estado de Colima, a través de la Secretaría de Cultura, ofreció un homenaje en memoria del dramaturgo Emilio Carballido, fallecido el 11 de febrero pasado, a los 82 años de edad. Su aportación al teatro mexicano, latinoamericano y mundial es invaluable. Sus obras han sido traducidas a diversos idiomas y presentadas en foros de múltiples lugares, que van de los grandes y fastuosos teatros hasta los espectáculos callejeros. Incursionó en todos los géneros dramáticos, con un estilo muy personal que se refleja en la historia que cuenta, la manera como arma la trama, el diálogo ágil, el sentido del humor, el sentido del amor… todo esto enmarcado en una visión del acontecer cotidiano a nivel de personas, barrios, comunidades y país. En el evento, donde se habló de su vida y de su obra, se realizó una lectura en atril de algunas escenas de Vicente y Ramona –que escribió por encargo para Colima basándose en la historia del Indio Alonso- y se presentaron tres obras cortas que fueron publicadas por la Secretaría de Cultura bajo el título de Con un poco de ayuda celestial.

        Se contó con la presencia del maestro Héctor Herrera, su compañero, quien al final intervino para dirigirse al público que esa noche llenó el Teatro Hidalgo. Sus palabras, por considerar que constituyen un testimonio importante en la vida del dramaturgo, las reproduzco, con su anuencia, aquí.

        Convivir estos veinte años con Emilio Carballido ha significado para mí un sinnúmero de experiencias y momentos maravillosos: disfrutar su compañía, verlo maravillarse y sonreír por las cosas más sencillas y cotidianas, influyó en mí. Recorrimos medio mundo, visitamos museos, templos, pirámides, islas y ciudades míticas. Le encantaban los aviones; no he conocido a otra persona que disfrutara más los vuelos largos. Escribía, comía y leía mientras tomaba sorbos de ron.         

        Llenaba libretas con su particular caligrafía. Podría ser un avión, un tren o un autobús. No tenía un lugar determinado para escribir, esto, aunado a su creatividad, le ayudó a realizar su prolífica obra literaria. Fue un voraz lector, amaba la novela policiaca y la francesa, en especial a Emilio Zolá. Leía con tal velocidad que no recuerdo el momento en que cambiaba de libro.

       Por las mañanas, a la hora del desayuno, me contaba las películas que había visto los días anteriores; lo hacía con tal detalle que era capaz de componer el guión y adaptarlo a su propio mundo dramático. Oí decirle más de una vez “si me hubieran llamado, les habría ayudado con el guión”. Me gustaría hablar también de Emilio el cocinero. Le encantaba preparar guisos deliciosos y de herencia familiar. Aún lo veo buscar recetas en el libro de cocina de su madre y prepararle a sus invitados platillos bien picantes y condimentados.

    Tenía una profunda adoración a los gatos; llegó a tener hasta veinte en casa: el Tigre, Frida, Chucho el Roto, Juan Jacobo del Camino, Rosalba, Amandine, Koshka y el famoso Aristeo.

          Recibió infinidad de homenajes y vio montadas sus obras alrededor del mundo, desde la India, pasando por Rusia, Israel y Egipto. Todavía siguen montando su Rosa de dos aromas en los Balcanes. Sin olvidar los montajes desde Argentina hasta Canadá. Aquí en Colima lo recibieron siempre con mucho cariño, lo homenajearon, le comisionaron y publicaron obras, dio talleres y era invitado constantemente. Dejó alumnos y también amigos. En su último viaje a Rusia fue homenajeado, dictó dos conferencias, van a publicar un libro con cuatro obras de su autoría y próximamente verán en los escenarios su obra Orinoco.

        Hace más de un año apoyamos una ley recién aprobada en el D.F., la Ley de sociedades de convivencia, de la cual conservo un agradable recuerdo. Fue nuestro granito de arena a la comunidad homosexual tan olvidada en muchos países todavía. En esa ocasión recibimos infinidad de llamadas de todos los periódicos. Estaciones de radio y televisión estaban interesadas; e incluso la prensa internacional. Pero habíamos decidido no hacer nada más que apoyar esta ley, que nos cobija y nos hace partícipes legalmente en la sociedad.

        Durante su larga y fructífera trayectoria recibió muchos homenajes y distinciones, entre las que destacan el Premio Nacional de Literatura en 1996 y ser designado Miembro de la Academia Mexicana de las Artes en 2002. Entre sus obras más reconocidas destacan Rosalba y los llaveros, Un pequeño día de ira (Premio Casa de las Américas), La danza que sueña la tortuga, Felicidad, El relojero de Córdoba,  ¡Silencio pollos pelones, ya les van a echar su maíz!, Yo también hablo de la rosa, Te juro Juana que tengo ganas, El día que se soltaron los leones Una rosa con otro nombre, Fotografía en la playa, Tiempo de ladrones y Rosa de dos aromas.   Adiós a Emilio.

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