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      Hasta no hace mucho, el papel era el portador por excelencia de los mensajes escritos. Las cosas importantes se decían a través de un elemento que dejara constancia de su existencia. “Papelito habla”, decía la sabiduría popular.

 

         Hoy, sin que los tiempos sean muy distantes, las cosas son muy distintas. Las nuevas tecnologías y sus posibilidades de comunicación han hecho surgir la necesidad de mensajes adecuados a ellos. Los jóvenes –sobre todo ellos- han venido creando un código diferente para entablar comunicación entre ellos a través, sobre todo, de Internet o los mensajes a por teléfono celular. Así, no es raro ver mensajes como “..me consdero una prsna supr wuena ond!! … la vdd toy aqui xq no tngo naa q acr”, comentario que escribió una muchacha en un foro en Internet.

 

         Aunque los cambios son inesperados e incontrolables pues dependen muchas veces de la creatividad del escritor o de acuerdos y estilos entre determinados grupos, algunas constantes de esta escritura son: supresión de vocales y consonantes (tmb en lugar de también), ausencia de acentos (simpatika), uso de abreviaturas (mxkl, por Mexicali), mínima preocupación por la ortografía (la vida es lok y sensiya), eliminación de mayúsculas o combinación arbitraria con las minúsculas (mE EnCaTa iR A La pLaYa, Es 1 eXcElEnT LuGaR), uso de k para las grafías ca (musik) y de q para que, qui, cu, cua, cue (¿q ondda?), cambio de grafías (io en lugar de yo) y el uso de emoticonos o  expresiones elaboradas a partir de la configuración de determinados signos gráficos que toman, entonces, otros significados. Una sonrisa, por ejemplo, se escribe así:     :-). Y sobre esta base se arman mensajes más elaborados. Ya hace unas semanas, Neto Cortés nos compartía la expresión ❤ U //_ U  que, aunque parezca difícil, dice “Te quiero y te extraño”. En realidad aquí se presentan unos cuantos casos, pues las variantes son muchas y habría que conocerlas en profundidad.

 

         Este fenómeno sociolingüístico y cultural ha crecido tanto en los últimos años que ha pasado de ser una “moda” o una expresión que se creía pasajera a un recurso compartido por muchas personas –sobre todo jóvenes- alrededor del mundo, a veces independientemente del idioma. Tanto, que ya dos filólogas de la Universitat de les Illes Balears (UIB), Caterina Canyelles y Margalida Cunill, publicaron en 2005 el que fue el primer manual normativo para escribir SMS (o sea mensajes cifrados a través de Internet) en catalán.

 

         Son muchas las voces que han dicho que eso es destrozar el lenguaje, que son incoherencias, que el mensaje no puede ser efectivo (al menos para todos), que eso provoca pobreza de vocabulario, etc., emitidas sobre todo por quienes mantienen un trato formal con el lenguaje (funcionarios, maestros, profesionistas) o quienes por cuestión de edad el nacimiento de estas formas de expresión y las maquinarias que las producen nos agarró fuera de lugar. Como quien dice, es casi una cuestión generacional. Y a los de esa generación les pasará lo mismo con la que viene atrás de ellos. Sobre este punto, el filólogo Daniel Cassany afirmó en una entrevista “Las personas llegamos a este mundo y nos encontramos que hay tecnologías: una de ellas es la de la escritura. Aprendemos a usarla de distintos modos. Una forma es la oficial que es lo que se nos exige hacer en la Universidad: voy a dictar un seminario, voy a publicar en tal revista. Para eso me exigen unos determinados usos de la escritura. Pero luego, en mi vida privada, hago lo que quiero”.

 

         Las razones para tales cambios del lenguaje ordinario, dicen los usuarios, son básicamente dos: la economía y la velocidad. Con todo, los chavos –y chavas- no tienen grandes problemas para aprender rápidamente a leer y escribir de esta forma y hasta crear una que otra expresión. ¿Qué tal?

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Autores oscuros

¿Cómo deben leerse los autores difíciles?, se pregunta don Emilio Faguet, académico, miembro de la Academia Francesa, en su libro El arte de leer, publicado por Anaya Editores en 1976. Don Emilio no se refiere aquí a los textos literarios, sino a aquellos que exponen y argumentan ideas.

     El libro, aunque ya con sus años a cuestas, sigue siendo un referente interesante por las tesis y la forma en que las plantea el autor. Un fragmento del capítulo VI, “Los autores obscuros”, se transcribe a continuación.

“No todos los autores son legibles para todo el mundo. Unos son oscuros naturalmente, espontáneamente, con toda lealtad y sin el menor artificio; son capaces de una cosa que yo no he podido comprender nunca: de expresar en palabras escritas lo que no veían suficientemente claro en su espíritu; seres para quienes la palabra o la escritura no es un instrumento de análisis, y que, en fin, pueden expresar lo que no comprenden. A esta clase de escritores hay que dejarlos, claro es, porque no veo el provecho que podemos obtener leyéndoles. Porque eso de pensar, a propósito de ellos, lo que ellos no pensaron o lo que hubiesen podido pensar si hubiesen pensado algo, es un poco aventurado e inútil; vale más pensar directamente y por cuenta propia.

Otros autores –y a mi ver son los que constituyen mayoría- son oscuros voluntariamente, a caso hecho, para adquirir la delicada y preciosa gloria de autores oscuros. He aquí su procedimiento: primero han pensado en claro, como todo el mundo; luego, por medio de pacientes sustituciones de las palabras justas por palabras impropias de extraños retorcimientos fraseológicos y de inversiones que alteren el sentido directo de los párrafos, van oscureciendo progresivamente el texto. Obran, exactamente, del modo inverso que los autores que escriben para ser entendidos. Éstos van progresivamente de la expresión vaga a la expresión precisa; aquéllos derivan laboriosamente la expresión, en cierto modo precisa, hacia la expresión sibilina. Dicen –y garantizo la exactitud de la frase-: Ya está hecho el libro; ahora sólo resta entenebrecerlo un poco.”

Sin duda, todos nos hemos enfrentado alguna vez a uno de estos textos “oscuros” de los que no nos es posible entender el planteamiento, captar la idea, identificar la tesis. Para que esto se dé, concurren varios factores: la experiencia lectora, el tema desarrollado, los conocimientos previos que se tengan acerca del mismo, la motivación para leer y hasta el estado de ánimo.

Sin embargo, a todos ellos, que tienen que ver con el lector, don Emilio Faguet añade estos dos que tienen que ver con el escritor, uno que no sabe cómo decir lo que quiere y otro que a propósito –con quien sabe qué oscuros fines- dice lo que quiere oscureciendo la expresión. ¿Cada quien su estilo?