Autores oscuros

¿Cómo deben leerse los autores difíciles?, se pregunta don Emilio Faguet, académico, miembro de la Academia Francesa, en su libro El arte de leer, publicado por Anaya Editores en 1976. Don Emilio no se refiere aquí a los textos literarios, sino a aquellos que exponen y argumentan ideas.

     El libro, aunque ya con sus años a cuestas, sigue siendo un referente interesante por las tesis y la forma en que las plantea el autor. Un fragmento del capítulo VI, “Los autores obscuros”, se transcribe a continuación.

“No todos los autores son legibles para todo el mundo. Unos son oscuros naturalmente, espontáneamente, con toda lealtad y sin el menor artificio; son capaces de una cosa que yo no he podido comprender nunca: de expresar en palabras escritas lo que no veían suficientemente claro en su espíritu; seres para quienes la palabra o la escritura no es un instrumento de análisis, y que, en fin, pueden expresar lo que no comprenden. A esta clase de escritores hay que dejarlos, claro es, porque no veo el provecho que podemos obtener leyéndoles. Porque eso de pensar, a propósito de ellos, lo que ellos no pensaron o lo que hubiesen podido pensar si hubiesen pensado algo, es un poco aventurado e inútil; vale más pensar directamente y por cuenta propia.

Otros autores –y a mi ver son los que constituyen mayoría- son oscuros voluntariamente, a caso hecho, para adquirir la delicada y preciosa gloria de autores oscuros. He aquí su procedimiento: primero han pensado en claro, como todo el mundo; luego, por medio de pacientes sustituciones de las palabras justas por palabras impropias de extraños retorcimientos fraseológicos y de inversiones que alteren el sentido directo de los párrafos, van oscureciendo progresivamente el texto. Obran, exactamente, del modo inverso que los autores que escriben para ser entendidos. Éstos van progresivamente de la expresión vaga a la expresión precisa; aquéllos derivan laboriosamente la expresión, en cierto modo precisa, hacia la expresión sibilina. Dicen –y garantizo la exactitud de la frase-: Ya está hecho el libro; ahora sólo resta entenebrecerlo un poco.”

Sin duda, todos nos hemos enfrentado alguna vez a uno de estos textos “oscuros” de los que no nos es posible entender el planteamiento, captar la idea, identificar la tesis. Para que esto se dé, concurren varios factores: la experiencia lectora, el tema desarrollado, los conocimientos previos que se tengan acerca del mismo, la motivación para leer y hasta el estado de ánimo.

Sin embargo, a todos ellos, que tienen que ver con el lector, don Emilio Faguet añade estos dos que tienen que ver con el escritor, uno que no sabe cómo decir lo que quiere y otro que a propósito –con quien sabe qué oscuros fines- dice lo que quiere oscureciendo la expresión. ¿Cada quien su estilo?

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