Comparar textos

 

         Aunque a muchos escolares de hoy les resulte difícil de creer, hubo un tiempo en que los estudiantes éramos tan ingenuos que pensábamos que todo aquello que estuviera escrito en alguna parte –libros, revistas, periódicos-, por el simple hecho de estar escrito, era verdad. Un poco lo que sucede hoy con la televisión.

 

         Ahora pienso que mucho se debía a la falta de acceso a fuentes de información: había uno o dos periódicos al alcance, pocas e inaccesibles revistas, un libro de texto único y que representaba todo lo uno podía saber sobre un tema y escasas enciclopedias que se podían consultar solamente en las también escasas bibliotecas. Esto dificultaba llevar a cabo una de las técnicas que Daniel Cassany et al (2000) recomiendan en su libro Enseñar lengua (Graó: Barcelona) como una de las formas de llevar a cabo una lectura de comprensión, la de comparar textos.

 

         Comparar es una de las habilidades cognitivas que las personas utilizamos para aprender y comprender cosas en el mundo y en la escuela. Tiene como base el análisis y consiste en descubrir las relaciones que guardan entre sí dos objetos, hechos o fenómenos con base en sus semejanzas y diferencias. Aunque no todas las cosas pueden compararse, las que sí proporcionan importante información que permite al sujeto moverse en un mundo que de otra manera sería caótico y confuso.

 

         Cassany recomienda comparar textos como una manera de lograr aprendizajes más profundos y significativos a partir de la lectura de más de dos fuentes de información y sugiere algunas ideas para realizarla: a) comparar la misma noticia en varios periódicos; b) buscar repeticiones (ideas, palabras, frases, etc.) en dos o más textos; c) comparar el estilo de dos textos parecidos; d) hacer un resumen con toda la información sobre un tema, sin repetirla, a partir de dos o más textos; e) contrastar diferentes versiones de una misma obra literaria; f) comparar diferentes muestras de textos del mismo tipo (carta, noticia, etc.) para extraer su estructura o características formales; g) manejar varios libros de consulta (diccionarios, manuales, enciclopedias, etc.) para desarrollar un tema; y h) comparar el mismo texto escrito en dos lenguas distintas.

        

         Muchas de las prácticas enlistadas es posible realizarlas aún desde los primeros años escolares si hay un profesor (a) que aliente a sus alumnos a no conformarse con sólo una versión de las cosas; en los niveles universitarios no sólo es una condición lógica, sino indispensable, impensable de no llevarla a cabo. Facilita las cosas que hoy haya acceso a distintas fuentes de información entre las que destaca, por supuesto, Internet. En un buscador común basta teclear la palabra –por poner una- combustión, para que le ofrezcan 43,400 opciones. Si no se comparan textos y la persona se queda con la primera que encuentra, no es porque no se pueda.

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