Imitar

  

         En medios académicos, culturales y artísticos, el término imitar tiene, para mucha gente, connotaciones peyorativas. Se le asocia con copiar –que no es lo mismo-, con adueñarse de algo que en principio pertenece a otro, con discapacidad para llegar a metas por sí mismo, etc.

 

         Sin embargo, muchos de nuestros aprendizajes concientes o inconcientes los llevamos a cabo precisamente mediante la imitación. Aprendemos viendo lo que otros hacen, oyendo cómo lo hicieron, siguiendo instrucciones y ensayando hacer. Conviene aclarar que, por supuesto, aquí el hacer no se refiere sólo a fabricar, sino que abarca también el área del pensamiento.

 

         Imitar implica una conducta que, cuando es planificada, puede llevar a superar deficiencias, a ampliar perspectivas, a buscar alternativas y a desarrollar la creatividad. Imitar no es calcar, ni copiar ni –más modernamente- clonar. Imitar es, dice el diccionario, ejecutar una cosa a ejemplo y semejanza de otra, y ese “a ejemplo y semejanza” hace la diferencia.

 

         Imitar tiene que ver con esa parte importantísima del proceso de aprendizaje: formar modelos. Marcel Giry (Aprender a razonar, aprender a pensar. Siglo XXI. México. 2003) anota: “Sólo existe un método para inventar, que es el de imitar. Sólo existe un método para pensar correctamente, que es continuar algún pensamiento antiguo y probado… El arte de aprender se reduce entonces a imitar durante largo tiempo y a copiar durante largo tiempo, como lo saben incluso el más modesto de los músicos y el más modesto de los pintores…”

 

         Mucho de lo que somos y de lo que seremos lo hemos adquirido o vamos a hacerlo en virtud de la imitación que es, entonces, un recurso de aprendizaje. Identificar modelos y tratar de imitarlos no lleva, como pudiera pensarse, a una repetición inalterable y cíclica; en el proceso mismo del aprendizaje por imitación y en el producto obtenido se cuelan las particularidades que le van dando a las cosas nuestras diferencias individuales, de manera que lo obtenido nunca será igual. Imitar es siempre el punto de partida para desarrollar el propio estilo.

 

         En el caso de la lectura y la escritura, la imitación siempre ha sido importante para formar el hábito de leer y para desarrollar habilidades que lleven a la competencia lectora y escritora. ¿Pero a quién imitar? En un principio, a quienes a nuestro alrededor demuestran aprecio por leer y escribir: familiares, amigos, maestros…después, a los modelos que la escuela o la vida nos vayan proporcionando: libros, autores, otras personas, otros formatos o códigos, en fin. La práctica hará que poco a poco, sin sentir, el sujeto pase de ser imitador a imitable.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: