Estructura de la meta

El esfuerzo conjunto es un valor de alto reconocimiento social. Se aprecia que las personas se unan para hacer y lograr algo. Así nos lo demuestran muchos lemas y slogans de organismos oficiales, particulares, sindicales, políticos, etc. “Vamos Unidos”, “Juntos podemos más”, “El éxito lo hacemos todos”, “Unidos Venceremos”, y muchos más son mensajes que enfatizan en establecer metas comunes y actividades coordinadas.

   ¿Qué tanto de este valor se retoma en la escuela? ¿Cómo se refleja este valor social en los terrenos del aprendizaje? Johnson D. y Johnson R., un matrimonio de psicólogos que han realizado estudios sobre la forma en que los estudiantes aprenden, nos dicen que en un grupo se establece una interacción entre todos los miembros, misma que lleva a que cada uno de ellos se forme una idea, también llamada estructura de la meta, de qué papel juegan los demás en el propio aprendizaje. Johnson y Johnson identifican tres estructuras de meta: individualista, competitiva y cooperativa.

 La meta individualista ha sido un modelo tradicionalmente presente en la escuela y se basa en la creencia de que el intento del estudiante por alcanzar una meta –en este caso, aprender- no tiene relación con los demás estudiantes. Esto es, bajo la premisa de que el aprendizaje es intransferible, el alumno (y el maestro y el enfoque educativo) considera que el éxito o el fracaso está ligado a sus propias y personales capacidades y esfuerzos.

         La meta competitiva, presente también de muchas maneras en la educación –en la de antes y en la de hoy-, desarrolla la idea de que el estudiante alcanzará su meta si otros estudiantes no la alcanzan. Ser mejor que otros, ser el primero, el promedio más alto, se convierten en prioridades para el alumno y hacia ello enfoca sus capacidades y esfuerzos. Es decir, los demás estudiantes existen como referentes, como sujetos a superar.

       En contraparte con las anteriores, la meta cooperativa ubica al estudiante en la idea de que su meta es alcanzable si también otros estudiantes la alcanzan. Así, se piensa en el grupo y se considera que el logro es posible gracias a la ayuda de todos y, por tanto, el éxito es de todos.

       Johnson y Johnson afirman que el aprendizaje cooperativo es el más deseable, y que si bien nadie aprende por nadie, esta estructura de meta posibilita que los demás (estudiante, docente o enfoque educativo) incidan en la creación de condiciones o ambientes para que cada uno aprenda. Sin embargo, trabajar cooperativamente, en la escuela y en la vida, requiere una serie de condiciones de interacción que los docentes deben enseñar y los estudiantes aprender. Y esto puede lograrse si hay buena actitud, motivación y técnicas adecuadas.

       Trabajar más cooperativamente en la escuela reforzará la idea de trabajar cooperativamente en la sociedad y evitará que sigan repitiéndose clichés absurdos como el de que, mientras en otros países (¡¡oooooh!!) las personas trabajan cooperativa y armónicamente, en México no, como lo sugiere el “ejemplo” de los cangrejos mexicanos y los cangrejos japoneses. La verdad es que no hay razas o sociedades cooperativas mientras otras no lo son. Hay, sí, educación y formación en las personas que las componen. Y eso, como ya se dijo, se puede enseñar y aprender.

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