Jaime Escalante

En la década de los setentas, Jaime Escalante, un profesor de origen boliviano, se hizo famoso porque implementó en una high school (escuela equivalente a nuestra prepa) de Garfield, en Los Ángeles, un sistema para estudiar matemáticas a grupos cada vez mayores de estudiantes de bajos recursos que tradicionalmente reprobaban el examen para ingresar a estudios universitarios.
Su éxito se debió, además de la metodología usada para la enseñanza de las matemáticas, a tres circunstancias aparejadas: su entusiasmo por transmitir los conocimientos de la materia, el tiempo y el esfuerzo extra –que tanto él como los estudiantes- dedicaron al estudio y la confianza en que los alumnos, etiquetados como perdedores, podían llegar a la meta. Su historia se conoció internacionalmente a través de una película titulada (en español) Con ganas de triunfar.
Se cuenta que en el salón de clases donde trabajaba, Escalante había colocado a la vista un cartel que decía “No hay necesidad de facilitar el cálculo porque ya es fácil”, que de alguna manera resume las tres condiciones arriba enunciadas. Pienso en Jaime Escalante cuando escucho a profesores y profesoras (como se dice ahora) hablar de las dificultades que enfrentan porque sus alumnos no comprenden lo que leen.
Como se sabe, la mayoría de las escuelas de Colima identifican los bajos niveles de comprensión lectora como uno de sus principales problemas. Las evaluaciones así lo confirman. Hay, pues, una situación problemática real y que no es privativa de la educación básica.
Muchos maestros –y maestras- preocupados por esta situación buscan honestamente encontrar soluciones y tratan de encontrar una fórmula (casi un abracadabra) para salvar el escollo. Lamentablemente tal fórmula no existe. Esto no quiere decir que el problema sea imposible de resolver, no. Quiere decir que tras la solución debe haber trabajo sistemático y comprometido.
Como también se sabe, la comprensión lectora es producto de la aplicación de una serie de habilidades cognitivas que posibilitan la adecuada interpretación del texto y la consiguiente construcción del conocimiento. Esto es, pensar efectivamente. Y es un proceso que cada persona debe realizar por su propia cuenta.–– Pero esto no quiere decir que el estudiante deba hacerlo solo. La figura y la función del maestro son su guía y su apoyo. Por ello, convendría que los docentes, más que buscar el abracadabra, tomáramos en cuenta las claves del éxito de Escalante y sus alumnos: dominio de la materia, entusiasmo, esfuerzo y confianza. Si lo hacemos, tal vez no sea necesario resolver el problema de la comprensión lectora, porque ya no será un problema.

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