El humor de Einstein

En el mismo día y mes que ayer -14 de marzo- pero de hace 130 años, nació en Alemania Albert Einstein, el científico más conocido del siglo XX. Además de sus conocidos aportes a la ciencia, se dice que era un gran lector y un agudo humorista. Comparto con ustedes un texto de Angy GriBen tomado de su sitio de Internet angyrincondelecturas.com. en donde se relatan algunas anécdotas del científico (o atribuidas a él). Que lo disfruten.

“Albert Einstein (1879-1955), Premio Nobel de Física en 1921, gozó de una rapidez mental propia de un genial humorista. Un periodista le comentó a Einstein “Me puede usted explicar la Ley de la Relatividad?” y Einstein le contestó “Me puede usted explicar cómo se fríe un huevo?” El periodista lo miró extrañado y le contesta “Pues sí, sí que puedo”, a lo que Einstein replicó “Bueno, pues hágalo, imaginando que yo no sé lo que es un huevo, una sartén, ni el aceite ni el fuego”.

Durante el nazismo, Einstein, a causa de ser judío, debió de soportar una guerra en su contra urdida con el fin de desprestigiar sus investigaciones. Uno de estos intentos se dio cuando se compilaron las opiniones de 100 científicos que contradecían las de Einstein, editadas en un libro llamado Cien autores en contra de Einstein. A esto Einstein respondió: “¿Por qué cien? Si estuviese errado haría falta sólo uno”.

En una conferencia que Einstein dio en el Colegio de Francia, el escritor francés Paul Valery le preguntó: “Profesor Einstein, cuando tiene una idea original, ¿qué hace? ¿La anota en un cuaderno o una hoja suelta?”, a lo que Einstein respondió: “Cuando tengo una idea original no se me olvida”.

Einstein tuvo tres nacionalidades: alemana, suiza y estadunidense. Al final de su vida un periodista le preguntó qué posibles repercusiones habían tenido sobre su fama estos cambios. Einstein respondió: “Si mis teorías hubieran resultado falsas, los estadunidenses dirían que yo era un físico suizo; los suizos, que era un científico alemán; y los alemanes, que era un astrónomo judío”.

En 1919, Einstein fue invitado por el inglés Lord Haldane a compartir una velada con diferentes personalidades. Entre éstas, había un aristócrata muy interesado en los trabajos del físico. Tras una larga conversación, el inglés explicó a Einstein que había perdido recientemente a su mayordomo y que aún no había encontrado un sustituto. “La raya del pantalón la he tenido que hacer yo mismo, y el planchado me ha costado casi dos horas”, a lo que Einstein comentó: “Me lo va a decir a mí. ¿Ve usted estas arrugas de mi pantalón? Pues he tardado casi cinco años en conseguirlas”.

En una reunión social, Marilyn Monroe se cruzó con Albert Einstein y ella le sugirió lo siguiente: “¿Qué dice profesor? Deberíamos casarnos y tener un hijo juntos. ¿Se imagina un bebé con mi belleza y su inteligencia?” Einstein muy seriamente le respondió: “Desafortunadamente, temo que el experimento salga a la inversa y terminemos con un hijo con mi belleza y su inteligencia”.

Se cuenta que en una reunión social, Einstein coincidió con el actor Charles Chaplin. En el transcurso de la conversación, Einstein le dijo a Chaplin: “Lo que he admirado siempre de usted es que su arte es universal; todo el mundo le comprende y le admira”, a lo que Chaplin respondió: “Lo suyo es mucho más digno de respeto: todo el mundo lo admira y prácticamente nadie lo comprende”.

Y por último, uno de los chistes favoritos que Einstein relatara en reuniones con políticos y científicos. Se cuenta que en los años 20, cuando Albert Einstein comenzaba a ser conocido por su Teoría de la Relatividad, era con frecuencia solicitado por las universidades para dar conferencias. Dado que no le gustaba conducir, y sin embargo el coche le resultaba muy cómodo para sus desplazamientos, contrató los servicios de un chofer. Después de varias ocasiones de viaje, Einstein le comentó al chofer lo aburrido que era repetir lo mismo una y otra vez. “Si quiere –le dijo el chofer- lo puedo sustitur por una noche. He oído su conferencia tantas veces que la puedo repetir palabra por palabra”. Einstein estuvo de acuerdo y antes de llegar al siguiente lugar, intercambiaron sus ropas y Einstein se puso al volante. Llegaron a la sal donde se iba a realizar la conferencia y como ninguno de los académicos presentes conocía a Einstein, no se descubrió la farsa: el chofer expuso la conferencia que había oído repetir tantas veces a Einstein. Al final, un profesor del la audiencia le hizo una pregunta. El chofer no tenía ni idea de cuál podía ser la respuesta, si embargo tuvo una chispa de inspiración y le contestó: “La pregunta que me hace es tan sencilla, que dejaré que mi chofer, que se encuentra al final de la sala, se la responda”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: