Ansiedad y aprendizaje

Ansiedad de tenerte en mis brazos–musitando palabras de amor,–ansiedad de sentir tus encantos–y en la boca volverte a besar. (Canción popular).
El alumno este de que les hablo se despertó más temprano que de costumbre, medio desayunó cualquier cosa de prisa, molesto porque su mamá le insistía que se sentara y comiera con calma. Llegó a la escuela de los primeros, cuando aún no se abría el portón. La boca seca, las manos sudorosas, irritable e incapaz de mantenerse tranquilo en un solo lugar. Se acomodó impaciente en su lugar sin ganas de hablar con nadie, sacándole punta obsesivamente al lápiz, mirando hacia la puerta una y otra vez, con los músculos tensos y un inexplicable dolor en el estómago. Este alumno que les digo sufría una crisis de ansiedad. ¿La razón? Ese día había examen.
La ansiedad es un sentimiento de recelo o de miedo, una sensación de malestar general que puede manifestarse mental y físicamente y que es originada –aunque a veces no se sabe porqué- por una situación que el sujeto considera de riesgo o peligro. La ansiedad (que muchas veces se confunde con la impaciencia, como en el caso del verso epígrafe) es, dicen los que saben, una respuesta espontánea y normal del organismo ante el peligro de no poder lograr algo o perder algo, una reacción que genera un estado de alerta que, en dosis bajas, pude funcionar como un incentivo para el trabajo y el esfuerzo.
Muchos de nuestros alumnos, ante casos como el presentar un examen, entregar una tarea o saber que tendrán que pasar al frente a exponer ante la clase o a resolver un problema en el pizarrón, se ven de pronto atrapados por la ansiedad. Por múltiples factores (autoestima, confianza, personalidad, conocimientos, etc.) algunos alumnos tienen menos brotes de ansiedad o la controlan mejor que los otros, los “preocupones”. Hay muchas investigaciones que han encontrado una relación entre ansiedad y el desempeño académico, y con ello con el aprendizaje. Los alumnos sumamente ansiosos tienden a obtener calificaciones más bajas en los exámenes, y no porque sepan menos o puedan menos, sino simplemente porque “se bloquean” y el mismo sentimiento de malestar, de incomodidad, los lleva al error. Igual, al momento de cumplir con una tarea, aunque puedan llevarla a cabo igual que los otros, sufren más durante el proceso. La atención, la concentración y la memoria –elementos fundamentales para el aprendizaje- se ven afectadas por la ansiedad. El miedo al fracaso, al mismo docente, el temor a las burlas de los compañeros y la presión de los padres de obtener buenas calificaciones generan ansiedad. El tiempo disponible, las condiciones en que hay que realizarla y las dificultades que representa realizar una actividad escolar pueden generar ansiedad en diferentes grados y con reacciones diferenciadas en los alumnos. Aunque no es posible controlarla ya que es una reacción involuntaria e interna de los alumnos, los docentes podemos crear ambientes menos ansiosos y más propicios para el aprendizaje si prescindimos de presiones, chantajes, amenazas, regaños o burlas, si generamos confianza, autoestima, expectativas de logro, entusiasmo por trabajar y esforzarse.

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