Aprendizaje algorítmico

Uno de los argumentos más frecuentes que los docentes emiten para explicar el fracaso de sus alumnos en los exámenes es que no saben seguir instrucciones, desarrollar una secuencia o llevar a cabo un proceso, lo que los lleva a cometer errores que no demuestran su falta de conocimiento, sino su falta de atención. Muchas de las cosas que uno aprende en la vida y en la escuela se basan en seguir puntualmente una serie de pasos para llegar con éxito a la meta: a eso le llamamos aprendizaje algorítmico. Un algoritmo se define como una operación probada y comprobada que contempla no sólo las actividades a realizar, sino el orden en que hay que llevarlas a cabo. De esta manera, una fase mal ejecutada o fuera de secuencia y el problema no podrá resolverse o lo esperado no podrá llevarse a cabo, que es lo que generalmente nos pasa cuando una computadora, por ejemplo, no quiere.
Dice la teoría que un algoritmo tiene tres características: es preciso (en tanto que establece el orden de cada paso), definido (si se aplica correctamente se obtiene siempre el mismo resultado) y finito (pues contempla un número determinado de pasos que siempre son los mismos).
Los algoritmos, que son en principio una operación mental, se concretan por medio de instructivos, mismos que pueden ser indicaciones escritas o diagramas. Las instrucciones para conectar una lavadora, para elaborar un platillo, para llenar un formato, para (se dice que ya existen) armar el famoso cubo de Rubik y un largo etcétera, son formas algorítmicas.
El aprendizaje escolar está lleno de algoritmos, sobre todo aplicables en la enseñanza de las matemáticas, donde se sienten como pez en el agua. ¿Recuerda cómo aprendió a multiplicar? Había que acomodar las cantidades una encima de otra y comenzar con un número y anotar el resultado debajo de la rayita, y luego el que sigue pero en otra fila y luego sumar el total… un aprendizaje logrado más en la repetición que en el razonamiento.
Aprender un algoritmo para la ejecución de una tarea facilita y garantiza el resultado. Sin embargo –no hay felicidad completa- este tipo de aprendizaje conlleva el riesgo de que la persona aprenda sólo el cómo hacerlo sin entender lo que está llevando a cabo. En la multiplicación de que hablamos, sabemos que al multiplicar un número cuyo resultado sea mayor de 10, nos llevamos un número que se suma al resultado de la siguiente multiplicación. Todos lo hacemos, pero no es fácil explicar qué sucede cuando lo llevamos. Esta es precisamente una de las críticas que se hacen al aprendizaje algorítmico.
Ciertamente, lo ideal sería enseñar el algoritmo y propiciar el razonamiento sobre lo que se lleva a cabo, lo que no siempre sucede. Con todo, los algoritmos están para hacernos las cosas más cómodas. ¿Alguien se imagina la vida sin tenerlos?

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