Estudiar y preguntar

Cuando busqué información, me topé con tres “jorgelarrosas”. El primero es un afamado portero español de la segunda división; el segundo, un escritor argentino letrista de un también famoso músico llamado Andrés Calamaro; el último, es el Jorge Larrosa profesor de Filosofía de la Educación en la Universidad de Barcelona.
En uno de sus múltiples libros (del último Jorge Larrosa), el de “La experiencia de la lectura” (Fondo de Cultura Económica. México. 2003), este profesor aborda en el prólogo una interesante reflexión acerca de la relación que se establece entre estudiar y preguntar. Comparto con ustedes un fragmento de ese texto que, admirablemente, amalgama la profundidad de lo educativo y lo filosófico con la belleza de la expresión literaria.
“Estudiar es también preguntar. Las preguntas son la pasión del estudio. Y su fuerza. Y su respiración. Y su ritmo. Y su empecinamiento. En el estudio, la lectura y la escritura tienen forma interrogativa. Estudiar es leer preguntando: recorrer, interrogándolas, palabras de otros. Y también: escribir preguntando. Ensayar lo que les pasa a tus propias palabras cuando las escribes cuestionándolas. Preguntándoles. Preguntándose con ellas y ante ellas. Tratando de pulsar cuáles son las preguntas que laten en su interior más vivo. O en su forma más imposible.
Las preguntas están al principio y al final del estudio. El estudio se inicia preguntando y se termina preguntando. Estudiar es caminar de pregunta en pregunta hacia las propias preguntas. Sabiendo que las preguntas son infinitas e inapropiables. De todos y de nadie, de cualquiera, tuyas también. Con un cuaderno abierto y un lápiz en la mano. En medio de una mesa de libros. En la noche y en la lluvia. Entre las palabras y sus silencios.
El estudiante tiene preguntas pero, sobre todo, busca preguntas. Por eso el estudio es el movimiento de las preguntas, su extensión, su ahondamiento. Tienes que llevar tus preguntas cada vez más lejos. Tienes que darles densidad, espesor. Tienes que hacerlas cada vez más inocentes, más elementales. Y también más complejas, con más matices, con más caras. Y más osadas. Sobre todo, más osadas. Por eso el preguntar, en el estudio, es la conservación de las preguntas y su desplazamiento. También su deseo. Y su esperanza. Por eso, a las preguntas del estudio no las interrumpe ninguna respuesta en la que no habite, a su vez, la espera de otras preguntas, el deseo de seguir preguntando. De seguir leyendo y escribiendo. De seguir estudiando. De seguir preguntándote, con un cuaderno abierto y un lápiz en la mano, rodeado de libros, cuáles podrían ser aún tus preguntas.”
Este texto habla, claro, de la oportunidad y la necesidad del estudio –y no solamente del que se realiza en una escuela- sino del que puede realizarse a través de la vida, misma que es, como todo mundo sabe, una permanente oportunidad de aprendizaje; el planteamiento de Jorge Larrosa va más allá: habla de la belleza de estudiar. Me viene a la cabeza la necesidad –o la oportunidad- de que todos nuestros alumnos –o nuestros hijos- conozcan esta reflexión y piensen y valoren la invaluable oportunidad que les da la vida al posibilitarles el estudio. Tal vez a muchos no les diga nada; tal vez a muchos les diga todo.

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