Preescribir

Uno de los modelos más sencillos –y acaso por ello más fácil de aplicar- en la producción de textos escritos es el que recomienda tener en cuenta tres fases del proceso: preescribir, escribir y reescribir. Existen modelos más elaborados y minuciosos, pero cuyas actividades caen, a fin de cuentas, en alguno de estos momentos de la escritura.
En la redacción de textos tan importante es el proceso como el producto; más aún, la calidad del producto terminal tiene que ver con la forma en que el proceso se ha llevado a cabo. En el arte de la escritura, cuando los textos “salen como salgan” generalmente presentan graves defectos o limitaciones y son el resultado de no haber realizado alguno (o ninguno) de los tres pasos arriba anotados.
De las tres, la fase de preescribir es no sólo cronológicamente la primera, sino de la que dependen las otras dos. El acto de preescribir conlleva varias tareas: tener claridad sobre qué se quiere escribir, a quién va dirigido el escrito, con qué intención, qué tipo de texto es el adecuado, con qué vocabulario, de qué extensión, la secuencia de las ideas a exponer y todas las demás cuestiones que puedan surgir antes de sentarse ante la hoja en blanco. Preescribir es elaborar un plan mental que permita “visualizar” el cómo redactar esas ideas y cómo “se verá” el escrito terminado.
Preescribir activa, por un lado, los conocimientos previos que sobre el tema tiene el autor, y por el otro, previene de la posible necesidad de búsqueda de información para realizar el escrito.
Dependiendo de la capacidad y el hábito de la escritura de cada persona, la fase de preescritura puede realizarse mentalmente y pasar entonces al momento de la escritura, pero con los escritores no expertos (e incluso con los expertos, según sea la complejidad del texto) es conveniente apoyarse gráficamente, y anotar en un papel recursos como palabras o expresiones clave, la lluvia de ideas a desarrollar, un esquema o mapa mental que muestre la organización y secuencia del escrito, etc. Mientras más clara y completa se construya esta fase, más fáciles y rápidas serán las otras dos.
Es en la escuela –en cualquiera de sus niveles- donde el proceso de la escritura puede enseñarse de manera disciplinada y organizada. Cuando un alumno habla de su tarea y dice “me dijeron que escribiera algo, de lo que sea, lo que se me ocurra”, seguramente al querer hacerlo tendrá sentimientos de angustia y confusión. Muchas veces es necesario que los docentes ayuden al alumno en la fase de la preescritura orientándolos en qué tema desarrollar, con qué propósito, dirigido a quién, etc. En la medida en que se gane en experiencia los escritores irán teniendo más capacidad para decidir el contenido, la forma, el tono y la intención de sus textos.
Finalmente, conviene anotar que la fase de la preescritura no termina cuando la persona toma el lápiz y comienza a redactar, pues en las fases de escritura y reescritura la planeación del texto sigue activa, orientando lo que se escribe y sugiriendo cambios en el texto ya redactado. Así pues, en el arte de escribir se conjuntan las tres fases de manera indisoluble.

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