Principio Premack

Llegué a media mañana al salón de la profesora Laura para entregarle una fotocopia que me había encargado y vi a los alumnos atareados en la escritura, todos concentrados y en silencio. “Qué trabajadores”, comenté. “Pues sí, -me contestó- no les queda de otra; ya les dejé muy en claro que primero terminan el resumen y luego salen a educación física”. Probablemente sin saberlo, la profesora estaba aplicando lo que en psicología se conoce como el Principio de Premack.
David Premack, psicólogo estadunidense con un reconocido prestigio en el área, basándose en observaciones y experimentaciones controladas, formuló en 1965 el principio que, palabras más, palabras menos, dice que una conducta que sea muy frecuente o preferida es capaz de servir como premio a otra conducta menos frecuente o menos preferida con lo que se consigue que la conducta menos frecuente empiece a ocurrir más veces.
Este principio conductual, aunque enunciado por Premack, ha sido utilizado desde la noche de los tiempos por docentes y padres de familia como un recurso para estimular determinadas conductas, y es tan de sentido común que se encuentra en todos los tiempos y en todas la culturas. Es tan viejo y tan obvio que se le conoce también como “la ley de la abuela”: ¿quieres hacer aquello?, entonces haz primero esto. Es bien conocido el papel que en la tarea educativa juegan los “reforzadores” de conducta, entendidos como aquellas acciones que tienden a estimular las acciones deseables a través del reconocimiento, el elogio, el premio, etc. Con el Principio Premack no se busca castigar conductas indeseables, sino orientar hacia la conducta deseable. A diferencia de la motivación, que es un impulso interior de querer hacer las cosas, con el Principio Premack hay una presión externa para hacerlas (si no haces esto, entonces no hay lo otro), aunque quienes lo defienden aducen que se espera que las actividades no preferidas que han tenido que ser reforzadas al principio con actividades gratificantes, vayan progresivamente consolidándose y finalmente no necesiten ya del refuerzo inicial. Esto es, que se vaya desarrollando el gusto –por repetición- de aquellas actividades que antes no se preferían.
Sin que sea el único recurso y teniendo el cuidado de no abusar en su uso, el Principio Premack puede funcionar para algunas personas en algunos casos. Es decir, no hay garantía de que funcione igual con todos, y más aún, es posible nque provoque actitudes de rechazo y rebeldía. El hecho de que aparentemente quede en manos de la persona el “decidir” si realiza la acción menos preferida con tal de poder hacer la más preferida es un asunto que provoca comentarios encontrados, pues mientras unos hablan de “reforzamiento”, otros hablan de manipulación y autoritarismo.
Con todo, el principio viene acompañando la tarea educativa que en el hogar y en la escuela se lleva a cabo. Más aún, nos guste o no y mejor pronto que tarde, hay que aprender –como ya lo están haciendo los alumnos de Laura- que muchas situaciones de la vida funcionan de esa manera.

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