Suicidio por amor

Yasunari Kawabata fue el primer escritor japonés en recibir, en 1968, el Premio Nobel de Literatura. Nació en 1899 y muere, por suicidio, en 1972. De su obra se ha dicho que destaca por la delicadeza y refinado lirismo, por la brillantez de su prosa, por su precioso estilo metafórico, por su incesante búsqueda de la belleza y por el estudio tan sutil de la psicología femenina. Formó parte de un grupo de escritores e intelectuales que se agruparon en torno a la revista “Época del arte literario” (o “La edad artística” según algunas fuentes). Es autor de, entre otras, novelas como “La bailarina de Izu”, “País de nieve” y “El maestro de Go”, y un libro de pequeños cuentos llamado “Historias en la palma de la mano” (Emecé editores. Buenos Aires. 2006). De esta última obra, comparto con ustedes el cuento “Suicidio por amor”.
“Le llegó una carta de su marido. Habían pasado dos años desde que él le había tomado aversión y la había abandonado. La carta venía de una región lejana. No permitas que la niña rebote la pelota de goma. El ruido llega hasta aquí. Y me afecta el corazón. Ella quitó la pelota de goma a su hija de nueve años.
Una nueva carta llegó desde otra oficina postal. No mandes a la niña con zapatos a la escuela. El ruido llega hasta aquí. Y pisotea mi corazón. En lugar de zapatos, le dio a su hija blandas sandalias de fieltro. La niña lloró y no quiso ir más a la escuela.
Llegó otra carta de su marido. Había sido despachado sólo un mes después de la anterior, pero repentinamente la caligrafía parecía la de un hombre viejo. No dejes que la niña coma en un tazón de porcelana. El ruido llega hasta mí. Y mi corazón se quiebra. La mujer dio de comer a la niña en la boca con sus propios palitos, como si tuviera tres años. Y recordó el momento en que en verdad tenía tres años y su marido pasaba días dichosos a su lado. La niña fue a la vitrina por su cuenta y tomó el tazón. La mujer rápidamente se lo arrancó y lo estrelló contra una roca en el jardín: el ruido que resquebrajaba el corazón de su marido. De pronto la mujer levantó las cejas. Y arrojó su propio tazón contra la roca. ¿No era éste el ruido que hacía el corazón de su marido al quebrarse? La mujer arrojó la pequeña mesa en la que cenaban en el jardín. ¿Qué pasaba con ese ruido? Lanzó su propio cuerpo contra la pared y golpeó con sus puños. Se tiró como una lanza contra las puertas de papel y cayó al otro lado. Y con ese ruido, ¿qué pasaba?
-Mamá, mamá, mamá. La niña corrió hacia ella, llorando, y la mujer la abofeteó. ¡Escuchen ese ruido! Como un eco de ese sonido, llegó otra carta. Había sido despachada de otra oficina postal en otra lejana región. No hagas el menor ruido. No abras o cierres puertas ni deslices las puertas de papel. No respires. Ustedes dos ni siquiera deben permitir que los relojes en la casa hagan tictac.
“Ustedes dos, ustedes dos, ustedes dos”. Las lágrimas corrían mientras la mujer susurraba estas palabras. Entonces ambas dejaron de hacer todo ruido. Dejaron por toda la eternidad de hacer el menor ruido. En otras palabras, la madre y la hija murieron.
Y, curiosamente, el marido, acostado al lado de ellas, también murió.”
Yasunari Kawabata, uno de los más populares escritores japoneses del siglo XX influyó decisivamente en la carrera literaria de Yukio Mishima, veinticinco años más joven, con quien mantuvo un largo contacto. Mishima, que fue propuesto varias veces para recibir también el Premio Nobel (que nunca logró), se suicidó en 1970, dos años antes que Kawabata.

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