Antes de leer un libro

A mí, como a muchos docentes, sobre todo de educación media superior y superior, nos ha tocado ver a jóvenes estudiantes buscando en un mar de libros y fotocopias la información requerida para armar un trabajo que deben de entregar –por regla general- al día siguiente. Angustiados, desesperados, toman un libro y luego otro y otro más y los van hojeando de adelante hacia atrás o viceversa, o abriéndolos al azar, con la esperanza íntima de que, en un momento dado, al dar vuelta a una hoja ¡oh, sorpresa! allí esté, justamente, con todas sus letras, la información que se andaba buscando.

Esta situación (que puede deberse también a una falla de planeación del docente), evidencia una falla grave en la metodología de la búsqueda de la información. Muchos estudiantes deambulan por pasillos o ficheros buscando algo que no tienen claro qué es, topan con un título que contiene alguna palabra relacionada con el trabajo y con la idea de que “aquí ha de venir algo” se ponen a hojear esperando el milagro.

Para un efectivo encuentro de la información hay que hacer una búsqueda adecuada. Eso reduce el tiempo, el esfuerzo y el estrés implicados en el trabajo. Antes de leer el contenido, es necesario que el estudiante evalúe el libro, que lo vea, valore y analice con cuidado y detenimiento.

Alexander Luis Ortiz Ocaña, un académico del Centro de Estudios Pedagógicos y Didácticos de Barranquilla, Colombia, propone tomar en cuenta ocho aspectos antes de leer un libro: 1) Leer –y sobre todo interpretar- el título del libro para ver si corresponde con el tema buscado. 2) Analizar el índice prestando atención especial al título de los capítulos. 3) Revisar con detenimiento los subcapítulos y demás divisiones de aquellos capítulos susceptibles de ser útiles. 4) Ubicar el lugar y la fecha de edición del libro para determinar su vigencia, ya que puede contener información relativa a aun entorno no aplicable al trabajo o de datos ya caducos. 5) Leer el prólogo o presentación del libro (si lo tiene) a fin de identificar objetivos, lectores a quienes va dirigido y personas que participaron en la su elaboración. 6) Leer la introducción del libro (que maneja información diferente al prólogo) para ubicar las ideas o teorías en que se fundamenta el texto y su importancia teórica o práctica. 7) Leer el epílogo o conclusiones dadas por el autor para inferir la orientación, el tratamiento y el alcance del contenido. 8) Revisar el glosario de términos para comprobar si el tema buscado aparece desarrollado en el contenido del libro.

La propuesta puede parecer, en principio, engorrosa y difícil, pero su utilidad es indudable para una eficaz búsqueda de información. Si tomamos en cuenta que esta revisión sólo lleva minutos (pues aún la lectura de prólogo, introducción y conclusiones pude hacerse mediante una lectura rápida), el tiempo destinado a ello será sin duda una inversión redituable.

Hacer que los estudiantes valoren un libro antes de comenzar a buscar desordenadamente tiene que ser una enseñanza y preocupación de los docentes; a ellos les corresponde fomentar este aprendizaje, y a los alumnos convertirlo en un hábito.

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