Preguntar, preguntarse

Cuentan que durante su estancia en la ciudad de México a principios del siglo XIX, precedido por una innegable fama de sabio, Alexander Von Humboldt, llevado por su insaciable sed de saberlo todo, acostumbraba pasear por los alrededores para estudiar el mundo vegetal, animal y mineral de nuestro país. A estas excursiones lo acompañaba un guía al que una vez preguntaron cómo había sido el paseo y el aludido contestó: “qué sabio va a ser este señor; me preguntó cómo se llamaban mi mujer y mis hijos, cómo se denominaba el azadón, cómo la pala, etcétera. Cosas tan sencillas que yo las sé y otra cosa: hace como los muchachos de escuela, que juntan piedras para atiborrarse los bolsillos”. Enterado del suceso, se cuenta que Von Humboldt comentó: soy sabio no porque sepa muchas cosas, sino porque, precisamente, pregunto muchas cosas.

Preguntar, preguntarse, son acciones claves en la búsqueda del conocimiento y, con ello, de la sabiduría. La innata curiosidad de los niños que todo lo preguntan tiene, como afirma Piaget, una explicación: la necesidad de darle sentido a un mundo totalmente desconocido y al que se accede a través de la exploración y la pregunta.

Jorge Larrosa (2003), en su libro La experiencia de la lectura hace una hermosa reflexión –casi poética- sobre la importancia de la pregunta y que comparto con ustedes.

“Estudiar es también preguntar. Las preguntas son la pasión del estudio. Y su fuerza. Y su respiración. Y su ritmo. Y su empecinamiento. En el estudio, la lectura y la escritura tienen forma interrogativa. Estudiar es leer preguntando: recorrer, interrogándolas, palabras de otros. Y también: escribir preguntando. (…) Las preguntas están al principio y al final del estudio. El estudio se inicia preguntando y se termina preguntando. Estudiar es caminar de pregunta en pregunta hacia las propias preguntas. Sabiendo que las preguntas son infinitas e inapropiables. De todos y de nadie, de cualquiera, tuyas también. (…) El estudiante tiene preguntas pero, sobre todo, busca preguntas. Por eso el estudio es el movimiento de las preguntas, su extensión, su ahondamiento. Tienes que llevar tus preguntas cada vez más lejos. Tienes que darles densidad, espesor, Tienes que hacerlas cada vez más inocentes, más elementales. Y también más complejas, con más matices, con más caras. Y más osadas. Sobre todo, más osadas. Por eso el preguntar, en el estudio, es la conservación de las preguntas y su desplazamiento. También su deseo. Y su esperanza. Por eso, a las preguntas del estudio no las interrumpe ninguna respuesta en la que no habite, a su vez, la espera de otras preguntas, el deseo de seguir preguntando. De seguir leyendo y escribiendo. De seguir estudiando. De seguir preguntándote, con un cuaderno abierto y un lápiz en la mano, rodeado de libros, cuáles podrían ser aún tus preguntas.”

El estudio, la escuela y la vida misma son oportunidades para vivir en la pregunta, no sólo para obtener información sino, más importante aún, conocimiento. Preguntar, preguntarse, es pensar y ese es el sustento de la sabiduría.

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